Por Manolo Taibo

Asociacionismo y federacionismo en España. Breve aproximación histórica.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la práctica deportiva se asentaba en las élites de la época, burgueses o aristócratas a los que su nivel de vida les permitía el desarrollo intelectual, disposición de tiempo libre y recursos económicos.

La incorporación de la clase trabajadora a la práctica deportiva no se produce hasta bien entrado el siglo XX. La afición al deporte se difunde desde la élite de principios de siglo a la clase media urbana y a la trabajadora, a través de técnicos extranjeros que trabajaban en industrias emergentes, experiencias importadas por viajeros nacionales, nuevas concepciones pedagógicas como el espíritu institucionista y por último, en la estabilidad laboral producto del desarrollismo industrial y de la implantación de la jornada laboral de ocho horas.

En este proceso, en 1876 bajo el impulso del Romanticismo nace como entidad deportiva y cultural el Centro Excursionista de Cataluña (CEC). En 1913 nace como grupo de montaña la Real Sociedad de Alpinismo Peña Lara, que tres años después inaugura su primer refugio de montaña que recibe el nombre de Giner de los Ríos, indicativo del nexo entre el espíritu institucionista y el asociacionismo deportivo. La historia de estas entidades son ejemplo de como los clubs deportivos se convierten en sociedades abiertas e interclasistas, superando el exclusivismo social del siglo XIX y adaptándose a las sucesivas realidades sociales, políticas y culturales, transformando la práctica deportiva popular.

En estos contextos se desarrollaron las denominadas sociedades, centros o clubes de montaña, su proliferación y la necesidad de encuentro y puesta en común, se crea en 1922 bajo el nombre “Federación Española de Alpinismo”, la actual FEDME. Posteriormente y en esa adaptación constante a la actualidad, se van creando las federaciones autonómicas.

LA FEDME Y LA EVOLUCIÓN DE SU SECTOR ASOCIATIVO.

Como se recoge en la introducción, la FEDME en su devenir histórico es un impulso progresivo de individuos-deportistas, clubes y federaciones autonómicas. Este proceso que no es privativo del montañismo, es fundamental para la construcción de una sociedad saludable en el amplio espectro del concepto. Siendo los individuos en su singularidad intelectual iniciadores de cambios, son los colectivos de base el motor de los mismos y las entidades que los aglutinan las responsables de alcanzar sus objetivos, guiando los mismos, organizando y regulando las acciones necesarias para llevarlos a cabo, y defiendo sus intereses.

En estas últimas décadas parece que se ha perdido el impulso de los colectivos de base, los clubes de montaña de los grandes núcleos poblacionales han tendido a disgregarse y la generalidad de los practicantes parece que no tienen interés en compartir su actividad vinculándose a clubes o afiliándose a su federación territorial.

Los datos del asociacionismo en España.

A finales de los setenta el número de asociaciones activas registradas estaba en torno a las 19000, entre esta década y 2003 se dieron de alta 258000. El 93% de las asociaciones activas a comienzos del siglo XXI han sido creadas en las tres últimas décadas, coincidiendo con el desarrollo democrático, este fenómeno es bastante parejo en todas las comunidades autónomas y su importancia se refleja en las casi 30000 entidades que conforman el denominado Tercer Sector Social.

Con estos datos parece evidentemente que la asociatividad aumenta, a pesar de la aparición de fenómenos sociales que en principio se perciben como negativos para la misma, como es el caso de las redes sociales, pero sobre todo la desconfianza social hacia las instituciones públicas. La corriente principal en la teoría del capital social supone la existencia de un vínculo directo entre confianza y participación asociativa, sosteniendo que cuanto mayor sea la pertenencia de un individuo a algunas asociaciones, mayor tiende a ser su nivel de confianza general y cuando ésta se quiebra tiende a la inhibición asociativa.

Los datos del asociacionismo en la FEDME.

Según el Anuario de Estadísticas Deportivas que publica el Ministerio de Cultura y Deporte, la FEDME en 2018 es la quinta federación deportiva por volumen de licencias con 233161 federados y con 2807 clubes asociados. A pesar de que en los últimos años las licencias han experimentado un salto del 23,8%, éstas han disminuido en 94644, lo que supone un decrecimiento del 1,9%.

Si confrontamos estos datos con los de la Estadística de Hábitos Deportivos del Ministerio de Cultura y Deporte junto al CSD y el INS, en los que se sitúa la práctica del senderismo-montañismo como la tercera modalidad más frecuente con el 31,9%, también las Carreras por Montaña y la Marcha Nórdica incrementan su número de practicantes y su proyección, de tal manera que otras federaciones deportivas intentan apropiarse de estas disciplinas. Con estos datos podríamos asegurar que el presente y el futuro próximo de nuestros deportes están asegurados, pero es importante constatar que, en el mejor de los casos, solo el 25% de las personas practicantes de nuestros deportes está federada… ¿por qué?

El estudio “Perfil de los deportistas y los clubes de montaña españoles” de la FEDME, refleja que las tres razones por las que no se federan los encuestados son: el precio, relacionar la licencia con el deporte de competición, la falta de información o desconocimiento… ¿Por qué?

Además, es significativo que más de la tercera parte de los federados autonómicos que no han solicitado la habilitación FEDME lo achaquen a motivos de desconocimiento o de información insuficiente. Así mismo, dentro de los federados, el principal motivo para obtener la tarjeta federativa es el seguro de accidentes, el 93,5% de los encuestados así lo indican… ¿Por qué?

Estos datos y otros contenidos en el estudio <> de la FEDME, hacen que podamos plantearnos estos porqués y otros cuantos… ¿Cuánto hay de inhibición asociativa? ¿Cuánto hay de inhibición institucional? ¿Cuánto hay de falta de perspectiva en su gestión?

LA FEDME DEL SIGLO XXI. UNA VISIÓN DE FUTURO.

El asociacionismo del siglo XXI se lleva a cabo en un contexto de ocio sustancial, independientemente de las diferentes crisis que nos afectan (económica, medioambiental o sanitaria), vivimos en una sociedad que se puede definir como la sociedad del ocio. Este fenómeno nunca había sido tan poderoso, tanto desde el prisma económico, como reflejan los datos de la Estadística de Hábitos Deportivos (ventas, enseñanzas, empresas, profesionales, etc.), como de la perspectiva vital de la población. La práctica deportiva al aire libre se ha convertido para muchos ciudadanos en la actividad de tiempo libre más apreciada e incluso en bastantes casos dominante, así mismo y para la totalidad de la población, la práctica deportiva al aire libre ha pasado a ser un importante producto de consumo de masas.

En este contexto, la FEDME como entidad declarada de utilidad pública por su labor en la promoción de los deportes de montaña, debe modificar su gestión implementando sus recursos (Comunicación, EEAM…) promoviendo todo tipo de actuaciones para poner en valor sus deportes, como el mejor ejemplo entre las actividades recreo-deportivas al aire libre, entre las de ocio autotélico y como generadores de cultura medioambiental. Favoreciendo así su imagen institucional y el deseo de pertenencia y afiliación a este colectivo a través de su tejido asociativo… ¿Cómo?

Ante la inhibición asociativa, la FEDME debe devolver el impulso a su sector asociativo, implementando acciones que conduzcan a mejorar la interactuación con este, con el objetivo de detectar y comprender sus realidades para responder adecuadamente a las mismas. De esta manera los colectivos de base podrán recuperar sus capacidades y alternativas, y por ende enriquecer el seno de la FEDME e higienizar la institución.

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