Por David Abajo y José María Nasarre

Los refugios de montaña, impulsados por organizaciones de montañeros, nacieron hace un siglo para facilitar las actividades deportivas y de exploración en los grandes macizos montañosos españoles. Hoy día existe una red de varias decenas de refugios guardados, gestionados por las federaciones autonómicas o por particulares. La FEDME solo conserva la representación internacional de los que se encuentran integrados en el Tratado de Reciprocidad de Refugios de Montaña, firmado originariamente por las asociaciones de montañeros de Alemania, Austria, Francia, Italia, España y Suiza.

En el siglo XXI los refugios con servicio de guardería deben dar cumplimiento a complejas normativas de seguridad, de calidad, sanitarias o medioambientales. Hoy día un refugio guardado es una instalación deportiva (porque sirve a la actividad deportiva), y una instalación de alojamiento (y como tal vendrá obligada a cumplir exigencias de instalación turística) pero, además presta un servicio público, ya que atiende a una serie de funciones de seguridad, de información, de preservación ambiental, meteorológicas, etc. que constituyen un servicio público.

Los refugios de montaña se encuentran vinculados a la vida social, turística, deportiva y ambiental de las comarcas en que se encuentran, son un patrimonio histórico de algunos valles y contribuyen al desarrollo rural de las zonas de montaña, junto a otros recursos turísticos que facilitan alojamiento y actividades a quienes se aproximan a las montañas.

Ocupación de refugios aragoneses (2019). Fuente: Memoria de la Federación Aragonesa de Montañismo.

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